Destaca la iglesia de San Martín,
primitivamente mudéjar, pero ampliada en el siglo XVIII,
añadiéndosele una nave. El cuerpo de campanas está coronado con un
capitel cubierto de azulejos. En sus capillas y retablos aparecen
lienzos y esculturas fechables de los siglos XVIII y XIX.
Procedente de las islas Filipinas, arribaban al Puerto de Sevilla
los galeones que traficaban con las Indias Orientales. En el
cargamento de sus bodegas aparecían las sedas y otras labores
textiles de lujo que muy pronto fueron apreciadas por el refinado
gusto de la nobleza.
En tiempos contemporáneos el mantón forma parte del vestuario de las
mujeres del pueblo y se incorpora paulatinamente, con mayor
profusión decorativa, al ajuar de las mujeres de la alta y media
burguesía urbana. Actualmente se considera un artículo de lujo que
realza la belleza femenina en las numerosas ferias y verbenas de
Andalucía, Madrid, Aragón y Valencia.
Habiéndose convertido en una prenda artesana de gran popularidad y
prestigio, algunos industriales de Sevilla deciden sustituir las
importaciones, fabricando in situ los mantones, lo que hace que sea
necesaria la búsqueda de mano de obra femenina de muchos pueblos
sevillanos, principalmente del cercano Aljarafe. Los primeros
“talleres” surgieron en los años treinta, en domicilios de mujeres
pertenecientes a la pequeña burguesía agraria, quienes conocían las
técnicas del “bordado en blanco” con que se adornaban las prendas de
los ajuares femeninos y quienes abandonarían dicha actividad para
dedicarse a la confección de mantones. El bordado a mano de mantones
se mantiene como una ocupación exclusivamente femenina de carácter
marginal, que sólo en contadas ocasiones, dependiendo de las
fluctuaciones del trabajo agrícola, ha llegado a ser la principal
fuente de ingresos de la economía familiar.
Los cambios económicos han hecho desaparecer casi definitivamente el
bordado en algunos pueblos del entorno, quedándose como actividad
importante tan sólo en Villamanrique y Carrión de los Céspedes, el
cual ha sabido elevar el Mantón de Manila a la categoría de arte y
es que el esmero y cariño con que las bordadoras carrioneras aplican
a su labor se refleja en el perfecto acabado de una obra única e
irrepetible, que extiende su merecida fama más allá de los límites
de la provincia e incluso del país. (fte. diputacion sevilla)